Cuatro años ha tardado Florian Henckel von Donnersmarck en pasar de firmar un debut tan rotundo como "La vida de los otros" a rodar lo que, en ciertas ocasiones, parece su perfecta autoparodia.
The Tourist está recorrida por la misma obsesión por los sistemas de videovigilancia y las grietas de la identidad, pero el cineasta abandona la sutileza de su opera prima para ejercer como auténtico turista en un proyecto diseñado a medida del potencial en taquilla de sus estrellas.
Este film podría pasarse junto a "El Americano" en un singular programa doble. Ambas se plantean como homenajes superficiales al thriller europeo de prestigio, aunque esto acabe pareciéndose más a un Hitchcock sin ingenio, a una Charada sin alcohol, a uno de esos cigarrillos electrónicos sin humo que fuma el personaje de Johnny Depp.
Al actor solo se le permiten puntuales destellos de excentricidad en un proyecto de vanidad que pertenece a Angelina Jolie.
Lástima que ella se limite a levitar entre los giros argumentales como una esfinge de gesto enigmático. Si el objetivo era fundir la belleza de ambos con la del paisaje veneciano, misión cumplida: puede que los turistas del glamour sepan apreciarlo. |